lunes, 3 de mayo de 2021

La boda

 La idea de casarnos surgió a partir de que el que iba a ser mi marido, enfermó. Estando en Madrid estudiando la carrera en San Isidro, cogió frío que fue transformándose en una bronquitis que le tuvo en cama más de ocho días, sin comer, sin atención y sin que nadie le atendiera. Creo que la soledad que sufrió durante la enfermedad fue lo que le hizo decidirse por pedirme matrimonio. Cuando pudo levantarse de la cama, regresó al pueblo y me dijo que no quería pasar más tiempo solo. Habló con mi madre y con mi padre, y lo cierto es que no les pareció bien. Yo era la pequeña de casa y a mis padres nos les gustó la idea. Igualmente, a su madre tampoco le pareció bien y al ser menor de edad no podíamos casarnos. 


Se preparó la boda sin el beneplácito de mi padre, que no quería ir a firmar ni mi suegra, que pensaba que me casaba porque estaba embarazada o algo similar, pero lo cierto es que simplemente queríamos casarnos. Nos casamos un 23 de julio, apenas unos días antes de que cumpliera la mayoría de edad a los 23 años.

Desde que decidimos casarnos hasta la boda apenas pasaron cuatro o cinco meses. Yo quería casarme porque tenía miedo que un día se quedara en Madrid y no regresara a por mí. Como mi suegra y mi cuñado no querían boda, mis padres decidieron que si, que se debía celebrar. Finalmente, buscaron un restaurante y se preparó el banquete. Mientras tanto, el vestido lo hicimos entre mi hermana y yo. Compramos la tela en Tarancón y decían que yo no podía tocarlo porque daba mala suerte. Así que mi hermana se encargó del corte y de la confección. Mientras, mi madre y yo nos fuimos a Madrid a comprar una corona  para adornar el pelo y encargamos el ramo de flores. 

Nos casamos en la iglesia de Santiago y fue todo el pueblo, porque como fue tan rápido y había malas lenguas que hablaban, todos querían verme. Y mi madre me dijo que atravesara todo el pueblo vestida de novia para que vieran que no estaba embarazada. 

En las bodas de antes apenas daban dinero. Se regalaban unos vasos, o cualquier cosa de escaso valor, adornos, un azucarero, una sartén... En definitiva, apenas había ajuar. Por mi parte si, por la de él nada. 

Nos casamos, hicimos el banquete y por la tarde cogimos un tren con destino a Madrid. Subieron mis amigas a despedirme y mientras hacia la maleta, mi padre me dio mil pesetas para el viaje de novios. Llegamos por la noche y dormimos en un hotel que habíamos reservado por dos días. Al día siguiente nos fuimos con unos amigos a unas bodegas y volvimos por la noche contentos de tanto vino. Fue al día siguiente cuando él me propuso que nos fuéramos a Alicante. Cogimos un tren por la noche y llegamos de madrugada y nos dirigimos a la casa de unos amigos del abuelo Luis, mi suegro, que coincidieron en la guerra.

En realidad él ya no vivía, tan solo su viuda. Era una mujer cariñosa que nos recibió con agrado. En

principio únicamente íbamos a dejar las maletas y a buscar otro sitio donde dormir, pero ella se nos ofreció para que pasáramos el resto de la luna de miel en su casa. Así pues, allí nos quedamos. Recorrimos medio Alicante. Conocimos la playa de san Juan y como hacía un día soleado, mi marido se insoló de tal manera que ya de vuelta se puso malísimo. En el camino de vuelta un médico, viendo como estaba, nos recomendó que al llegar a casa le diera mucha agua y oscuridad porque llevaba una grandísima insolación y él era muy blanco de piel. Pasó una noche muy mala y por la mañana, cuando se recuperó, la mujer que nos había acogido nos llevó a ver la casa de Alicante de mis suegros. Fue la primera vez que vi aquella casa. Estaba sucísima, llena de gente y chatarra. Esa casa no se recuperó hasta varias décadas después. 

Estuvimos un par de días y nos volvimos a Madrid. En la luna de miel me quedé embarazada de Jose Luis. Con apenas 21 años era demasiado fácil quedarse embarazada. Y en Madrid fue donde realmente empezó nuestra vida de casados.

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Nací en Santa Cruz de la Zarza, provincia de Toledo, el 26 de marzo de 1936 en el seno de una familia de clase media. Llegué al mundo al fin...