Julín fue el penúltimo de los varones. Nació en Santa Cruz, como casi todos nosotros. Me contaron que cuando yo nací y él tenía ya siete años, fue a verme a la cuna y lo primero que hizo fue preguntar a mis padres como había llegado hasta allí. Para dar respuesta a la cuestión no se les ocurrió otra cosa que decir que me habían encontrado en un agujero junto a la línea de la luz. No eran tiempos aquellos de explicar nada a los niños y menos aún sobre estas cuestiones. Asé que él estuvo un rato junto a la cuna pensando no se sabe qué y después desapareció. Pasaron las horas y cuando llegó la hora de comer aún no había vuelto y en casa empezaron a preocuparse. Lo único que hizo fue ir en busca del agujero donde me habían encontrado asegurando que era cierto, que el lugar exacto estaba junto a la línea. Ese era Julín desde pequeño, una persona inquieta y curiosa.
Los primeros recuerdos que tengo de él son de cuando mi hermano era adolescente, sobre quince años o dieciséis años, y prácticamente ya era novio de quien fue su mujer toda la vida, asi pues, él y la que durante toda la vida fue su mujer vienen a mis recuerdos casi a la par.
Julín fue un hombre guapo, como todos mis hermanos. Tenía el pelo muy negro, ligeramente ondulado y coqueto, porque siempre se cuidó el pelo mucho. Todas las noches se lo lavaba antes de meterse en la cama. Mi madre le regañaba porque decía que si hacía eso y después se acostaba con el pelo mojado, se le pudriría y se acabaría cayendo. Y así fue, aunque nunca se supo si por lavarse el pelo o porque simplemente le tocaba, pero pronto empezó a notar que clareaba la cabeza y que se le caía con frecuencia, así que fue al médico y este le dijo que para mantener el pelo sano tan solo debía tomarse una cucharada de azufre diluida en agua. Desde luego el remedio no fue eficaz, porque a los 23 años se quedó calvo para siempre.
La alopecia coincidió con el inicio del servicio militar en África y cuando regresó de este ya era calvo del todo. Allí, otro médico sentenció que se le caía el pelo porque le había picado una mosca africana. Yo creo que ni una cosa ni otra. Se quedó sin pelo porque le tocaba, nada más.
En el servicio militar se pasó dos años y desde allí nos enviaba cartas con regularidad donde incluía pequeños obsequios: lazos para mis trenzas, medias de cristal y otras cosas exóticas que en España aún no existían.
Julín tenía la cara redondita. Era algo más bajo que Joaquín pero más alto que Eleazar. Los ojos oscuros y achinados fue un rasgo que nunca supimos de donde salió pero que debió heredar de algún antepasado y que él ha legado a algunos de sus descendientes que siguen manteniendo esa mirada especial que parece siempre sonreír. Era moreno, y como durante la adolescencia tuvo algo de acné (que también dijeron que se le solucionaría con azufre) se le quedó en la piel alguna pequeña marca que él solo se hizo por ponerse delante del espejo y apretarse los granitos.
Siempre se le llamó Julín, desde que nació. Se le adjudicó el diminutivo con el único fin de distinguirlo de mi padre que también se llamaba Julio. Tanto se usó que cuando creció se le siguió llamando igual. Tenía un carácter muy dulce. No regañaba nunca con nadie. Era hombre tranquilo que únicamente se enfadaba cuando el tío Faustino, el padre de su novia, los seguía por la calle y tenían que salir disparados cada uno por un lado, para que no les pillaran de la mano o del brazo. En ese momento regresaba a casa echando humo, pero a los diez minutos se le pasaba y volvía a su calma natural. Desde joven fue tan afable que cuando mis padres le decían algo su respuesta tan solamente era una sonrisa. Así es como siempre recuerdo a mi hermano, sonriendo.
También recuerdo su gusto por la música. Le gustaba mucho tocar el laúd, como a todos mis hermanos. Fue una afición que mis padres fomentaron en todos ellos, así que en un cumpleaños le regalaron uno y todos los días con paciencia fue aprendiendo a pulsar las cuerdas y hacer que sonaran bien. Con los años tocó el laud con destreza. Él era muy autodidacta y siempre le gustó estudiar. Con veinte años hizo una galena. Una galena es una caja de madera que lleva dentro unas pilas y unos auriculares para escuchar la radio. Se matriculó en Barcelona para hacer un curso de radio y televisión a distancia. Desde allí le enviaban los libros y se examinaba sacándolo todo con buena nota. Después con los mismos libros estudiaron el resto de mis hermanos.
Con esto aprendió tanto que llegó incluso a hacer una emisora de radio. Así que se juntaba con los amigos y hacía programas y lo mismo radiaban un partido de futbol, que tocaban el laúd, o hacían tertulias. Tuvo éxito y medio pueblo escuchaba los programas que emitía desde casa.
Viendo que funcionaba comenzó a fabricar aparatos de radio que vendía por el pueblo. En realidad es que él siempre fue un hombre emprendedor y lleno de ideas.
Mis hermanos se llevaban muy bien los tres, no había preferencia unos por otros. Siempre iban juntos. Juntos tocaban la guitarra, juntos salían a los mayos. Juntos trabajaron codo con codo. Fuimos, en definitiva, unos hermanos que nos quisimos de verdad.
A los 14 años conoció a la que fue su primera y única novia, y después mujer, Rosa, Rosi, Rosalía, Rosario... Nunca se aclaró el verdadero nombre de mi cuñada, pero para nosotros siempre fue La Rosi. Por aquellos entonces ella trabajaba en una sastrería muy cercana a la oficina de la luz y contaba que desde la ventana de la sastrería le miraba de reojo. Así fue como se hicieron novios pronto y nunca ni uno ni otro conocieron otra pareja diferente. Nunca se dejaron y cuando Julín se fue a la mili, poco menos que le guardó luto porque apenas salió de casa hasta su regreso. En aquellos tiempos todo era muy difícil. Su padre, por ejemplo, no la dejaba a nuestra casa porque era la casa del novio y eso estaba mal visto en el pueblo. Así que, como para nosotras era como una hermana más, ella se escapaba para venir a vernos y rodeaba todo el pueblo para que no la viera nadie. No pudimos disfrutar plenamente de su compañía en casa hasta que se casaron, a partir de ese momento ella fue una hermana mas, una hija más, simplemente una más de la casa.
Rosi se quedo huerfana de madre a los nueve años, con un hermano aun más pequeño. Su padre, Faustino, enseguida volvio a contraer nupcias con otra mujer que se llamaba Corona y enseguida esta mujer la puso a trabajar en la sastrería del pueblo. El tio Faustino tenía fama de tener mal humor, muy serio. Fue un hombre al que no recuerdo verlo sonreir. Era alguacil del ayuntamiento y el que tenía que llevar las denuncias. Como ya he dicho, nosotros siempre la llamabamos Rosi, su padre Rosalia y Julín la Dama. Ella siempre ha dicho que su nombre es Sabina Rosario.
Estuvieron de novios casi diez años, hasta que se casaron, y quiso hacerlo de negro como respeto a su difunta madre. A partir de entonces todo cambio. Se hicieron una casa en Santa Cruz, cerca la nuestra, y cuando mi hermano se iba a trabajar ella se venía con nosotras todo el día. Creció con nosotros como y siempre nos hemos querido mucho mutuamente. Casarse le sentó bien porque le cambió el humor, siempre le gastaba bromas a mi hermana Isabel.
Alrededor de un año despues nació mi sobrina, a la que también llamaron Rosi. Fue la segunda nieta y en mi casa fue la vida entera. No era la mayor de los nietos pero si la mas cercana, y cuando nació fue como el capricho de todos porque vivian al lado y se crió en casa, con mi madre, mi hermana y conmigo.
En el pueblo estuvieron algunos años mas, hasta que los dueños de las oficinas de la luz decidieron quitarlas de alli y ya no estaban a gusto con el trabajo. Mi padre aprovechó para jubilarse, pero Julín y Eleazar todavía eran muy jóvenes, así que como siempre fue muy echado para adelante, mandó una carta a Getafe, donde había una instalación de aviones, y se ofreció para trabajar verificando motores. No tardaron en llamarle y como el trabajo le pareció bien, aprovecho para meter también a Eleazar que tambien se había casado y juntos emigraron del pueblo a Getafe. Serían los años 50 decada en la que en España hubo una gran migración de los pueblos a las ciudades. Allí cogieron una casa a medias, pero a Eleazar no le gustaba demasiado el trabajo y la responsabilidad de los aviones. Supongo que a Julín tampoco porque busco trabajo en Alcalá, en Roca, y nuevamente se llevó a Eleazar con él.
A Eleazar le pusieron una casa de Roca, pero entonces fue Julín al que no le gustó, así que enseguida buscó otro trabajo, en esta ocasión en estudios Moro en Madrid, y se trasladó allí, donde residió hasta el final de sus días.
Todo esto coincidió con nuestro regreso de Bilbao. Mis padres, como ya no le quedaba nadie en el pueblo tambien se trasladaron a Alcala y aunque ellos ya vivian venían todos los fines de semana a Alcala, a pasarlo con la familia. Entre medias nacieron mis otros dos sobrinos: Julita y Miguel Angel.
Julín tenía un coche beige y cuando llegaba el verano y el buen tiempo nos gustaba ir con toda la familia a unas praderas que exisitian al lado del rio Torote. Cada uno con sus hijos, nos montabamos en nuestros coches, cargados de neveras, bebidas, tortillas y filetes empanados, y pasabamos el día juntos, los hermanos y un montón de niños. Fue un tiempo en el que todo parecía marchar bien hasta que murio mi padre de repente y todocambió. Nos pusimos de luto y dejamos de salir al campo y de tener vida social. Lo unico que pensamos en ese momento fue en acompañar a mi madre, nada más.
Mientras duró el luto, Julín y mi marido fueron a dar una vuelta con los coches y terminaron en un pueblo cercano a Alcala, Pezuela de las Torres. Los dos se llevaban muy bien, como si fueran hermanos. Fueron recorriendo pueblos y pararon a tomar una cerveza en la venta del cojo, un bar de carretera ubicado en un cruce cercano a Mondejar. Como Julín hablaba con todo el mundo, conocieron al alcalde de Pezuela y conversando, este hombre les ofreció una tierra de su propiedad que quería vender. Sin pensarlo dos veces se fueron a verla y como les gustó, en el momento cerraron el trato, sin consultar a nadie. Asi que regresaron a casa y nos dieron la noticia a las mujeres que eramos propietarios de un terreno en medio de un monte. Los dos estaban entusiasmados con la idea de tner un sitio fijo donde poder juntarnos. Y asi nació la finca. Pero lo de la finca da para muchos capitulos más.Mi hermano siempre estuvo a mi lado, hasta el ultimo de sus días fue hermano, amigo y complice. De todos fue el primero en marchar, cuando aun no era su momento y dejó un vacío en la familia que nunca se superó del todo. Su muerte lo cambió todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario