domingo, 25 de abril de 2021

Rosa Ana


 Rosa Ana nació en la Paz. Fue un parto y sin complicaciones. Llevaba de parto desde un día antes, cuando empecé con los dolores. Lo cierto es que salvo los dos primeros, el resto de los embarazos nunca me hacían mucha gracia, pero al final siempre me acostumbraba y terminaba queriendo. En el hospital me quedé ingresada porque en teoría aun no tocaba nacer, pero yo notaba que si, asi que a las tres de la mañana llamé a las enfermeras y les dije que me atendieran que ya nacía y nació. Sobre las seis de la mañana di a luz. Era muy nerviosa y se rozaba los tobillos de darse uno con otro.

Estuve alrededor de cuatro días y a casa, a Alcalá. Ya vivíamos en la casa nueva.

Era monísima, como una muñeca, pero muy mala. Con muy mala leche y siempre tirando del pelo y de las faldas. De todos siempre fue la mas espabilada, y de hecho antes del año ya andaba. En muy poco tiempo también empezaron a salirle los dientes y como mi padre murió a los pocos meses de nacer, mi madre se centró en ella. Mi hermana, mientras tanto, siempre subía a ver a mi madre y la niña, que desde que nació tuvieron predilección por ella. Como yo estaba pendiente de los demás, la niña fue aprendiendo todo por parte de mi madre y de mi hermana. Comía muy mal, no le gustaba nada. He de decir que como en ese tiempo pasaron tantas cosas que apenas recuerdo los primeros años de vida de ella. Primero murió mi padre y poco después mi madre y eso no conseguí superarlo en mucho tiempo. Mientras tanto, Paqui que se llevaba diez años también se hizo cargo de los primeros años de vida de la niña. Después del parto de Rosa, además de las muerte de mis padres, también comencé a sufrir graves infecciones que me hacían permanecer en cama. Lo cierto es que ni física ni emocionalmente no estaba bien para cuidarla como debía. Lo hacía, le daba el pecho, hacia todo lo que podía, pero fueron buenos años. Por suerte nunca estuvo enferma, y a pesar de lo pizpireta, tampoco era guerrera. 

Quizá por eso, en muchas ocasiones, tenía que dejarla con mi hermana Isabel y su marido. A su vez, mi marido tenía fases de enfermedad en las que en muchas ocasiones teníamos que salir corriendo al hospital y los mayores aun eran demasiado pequeños para hacerse cargo, asi que cada vez se iba quedando más tiempo con ellos. Llegó un punto en el que incluso la cartilla del medico la solían tener ellos, porque cada vez pasaba mas tiempo allí.

Cuando empezó el colegio, seguía estando allí, cada vez más. Hasta el punto de que casi terminó viviendo allí, y quizá no fuera lo correcto pero a mi me aliviaba mucho trabajo el que se la llevaran. Eran tantas cosas las que teníamos encima que nos perdimos sus primeros años de vida. Trabajar, enfermedad, problemas...

Cada vez se acercaba más a ellos y un día nos dimos cuenta de que la niña tenía mas apego a ellos que a


nosotros. Además al no tener hijos le daban todos los caprichos y ella, como niña, se sintió mas cercana a ellos. Una tarde en la que fuimos a recogerla, vimos que con quien quería estar era con sus tíos y no con nosotros. Fue entonces cuando comprendimos que debíamos llevarla a casa y que se quedara en todo momento con nosotros. A los cuatro o cinco años dejó de quedarse con los tíos y se quedó definitivamente en casa. 

Fueron unos años muy duros.

José Luis, que se llevaba trece años con ella, cuando la niña tenia cinco o seis años se la llevaba a la calle con los amigos. A los tres años y medio empezó a ir al colegio. 

Simultáneamente en los primeros años de vida de la niña, nosotros ya teníamos la finca. Nuestra finca.

Todo pasó porque en aquel tiempo mi hermano Julin se fue a vivir a Madrid y todos los fines de semana venían a Alcalá y nosotros nos compramos un coche, un Seat 1500 que era el único coche que había en el barrio. Asi que todos los domingos nos íbamos al rio a comer, cada domingo a un sitio diferente y un domingo que se fueron ellos solos, terminaron en Pezuela y casi sin pensarlo hicieron trato con uno que le ofrecieron unas tierras. De repente teníamos un terreno donde ir a pasar los fines de semana. Lo que compraron tenia una pequeña construcción en ruinas que de poco a poco fue creciendo. Todo coincidió con los primeros años de Rosa Ana, que desde muy pequeña comenzó a ir. Todo el dinero que ganábamos fue a parar a la Finca, las pagas, los ahorros, todo fue a parar a la casa del campo.  Ernesto que era albañil fue levantando a trozos, primero un techado, luego un porche, después otro techado, una planta mas,  y asi, sin darnos cuenta construimos una casa.

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