lunes, 26 de abril de 2021

El abuelo


Cuando llevábamos un tiempo en Alcalá, mi marido vio en el periódico que se acababa de abrir una nueva fábrica. Se llamaba la Seda de Barcelona y buscaban personal para todas las áreas. De esta manera, escribió a la sede y le comentaron que el acceso era a través de una prueba tipo examen. Enseguida le llamaron para trabajar allí. Desde el principio llevaba un cometido en la oficina, el contacto con el extranjero. Sería el año 1967 cuando comenzó a trabajar. Enseguida comenzamos a prosperar, porque el sueldo se multiplicó y los problemas económicos se fueron esfumando. La casa la acabábamos de comprar. Nos costó 40.000 pesetas de las que casi pagamos todo con lo que traíamos de Bilbao. La compramos con ilusión, pero no tuvimos suerte con los vecinos de encima, a los que no les caímos en gracia. Cuando nos dieron la casa hicimos un porche por debajo del balcón de los vecinos y construimos en el patio una pequeña nave, pero al ganar más dinero, pensamos que quizá era buena idea comprar una casa más grande.


Por pura casualidad, a pocos metros comenzaron a edificar unos bloques cercanos. Lo vimos desde que empezaron con el vaciado de la cimentación. Comentando con los vecinos nos enteramos del precio y, aunque era bastante cara para los precios del momento, nos encaprichamos con la casa y finalmente nos decidimos a comprarla. Tardaron alrededor de 4 años en hacerlas y mientras tanto fuimos pagándola y cuando nos la entregaron prácticamente estaba todo pagado. 

En el tiempo que estuvimos en la casa baja, tuve dos abortos. El segundo apenas lo percibí, pero el primero sí. Me quedé embarazada sin más y sin apenas enterarme y por esta razón no me preocupé de mí misma. Hicimos la mudanza a la casa nueva y compramos papeles pintados para empapelar todo. Subí y bajé tantas veces a la escalera que debí hacer esfuerzos y comencé a sangrar. Fue entonces cuando acudí al médico y me indico que estaba embarazada y que debía guardar reposo. Así que me metí en la cama durante más de cinco meses. Al sexto mes me ingresaron en La Paz y básicamente lo que volvieron a hacer es mantenerme en reposo, pero en una ocasión, al ir al baño noté que estaba de parto. Llamé a los médicos, pero el niño venía de pie y no pudieron hacer nada para salvarlo. Realmente tras el parto hubiera podido vivir, pero al no estar posicionado se asfixió. Para nosotros fue un golpe muy duro, porque el niño estaba formado y hoy en día hubiera podido salvarse. Le vi y aun le tengo en la cabeza. Ahora tendría 57 años. Le bautizamos y después le dimos sepultura en la Almudena.

     Cuando nosotros nos trasladamos a la nueva casa, le dijimos a mis padres que se fueran a la casa que habíamos dejado nosotros, que estaba mucho más cerca y era más amplia que la que tenían alquilada cerca de la estación. Entre los dos decidimos que vivieran allí. Fue triste porque apenas pudieron disfrutarla un año, quizá menos y en ese momento me vuelvo a quedar embarazada otra vez, esta vez sí prosperó.

El embarazo de mi hija fue muy malo, como todos mis embarazos. Los dos mayores ya estaban bastante crecidos, José Luis tenía ya 13 años y Paqui 10. Eran dos niños muy buenos, obedientes, nunca regañaban entre ellos. Muchas mañanas yo les dejaba en el colegio y me iba con mi madre. A pesar de las molestias no tuve que hacer reposo, pero todo lo que comía me sentaba mal y terminaba vomitando. En los nueve meses que duró el embarazo nos trasladamos de una casa a otra y a su vez, mis padres a la nuestra que acabábamos de dejar. 

    El nacimiento de mi hija fue el más organizado y mejor de mis cuatro hijos. Apenas tuve problemas en la gestación y en todo momento estuve controlada por el médico. Por aquel entonces, en 1971, no existía hospital en Alcalá, así que todas las revisiones me las hacían en un hospital de Madrid. Cuando cumplió el plazo que teníamos calculado me fui al hospital donde me hacían las revisiones, pero estábamos en vísperas de Nochebuena y no me hicieron mucho caso. Me auscultaron, pero no les pareció que estuviera para nacer. así que nos dijeron que nos fuéramos a casa, pero mi marido, con acierto, pensó que no era correcto y que mucho mejor si nos íbamos a la Paz, que era mi hospital de referencia. Al llegar allí me auscultaron de nuevo y dieron en el clavo porque me dejaron ingresada y esa misma noche nació. Recuerdo que nació sobre las 11 de la noche y enseguida se la bajaron a neonatos. Era preciosa, con tres kilos y medio y muy muy bonita. Al fin había tenido un parto normal.

En realidad, parí yo sola, mi marido y el resto de la familia se enteraron al día siguiente al llegar. A pesar de que ya había muchos niños en la familia, la llegada de Rosa Ana fue especial para todos, en especial para mi hermana Isabel que se enamoró de la niña desde el primer momento. 

Se le puso de nombre Rosa Ana por dos razones: la primera fue porque la madrina fue mi sobrina Rosi, y tenía que llevar su nombre. Ene se momento se estaba emitiendo una novela en la que la protagonista se llamaba Ana Rosa, y mi sobrina me propuso ese nombre que a mí no terminaba de gustarme, pero dándole la vuelta si: Rosa Ana era perfecto. Así que se la bautizó con ese nombre y es la única de todos mis hijos que no lleva nombre de sus abuelos.

En ese momento todo era felicidad, teníamos dinero, casa nueva y una hija sana recién llegada al mundo, nunca imaginamos que apenas cuatro meses después la vida nos volvería a dar un duro golpe.

Mi padre falleció de repente. Él decía que siempre que "jaula nueva, pájaro muerto". El tiempo que vivió en Alcalá le gustaba irse a cazar pajarillos cerca de la estación. Mi padre se adaptó bien a la ciudad. Recuerdo que lo primero que hizo tras venirse de Santa Cruz fue ir a la oficina de la luz para presentarse y decirles que él pertenecía a la compañía de siempre. Así que muchas mañanas iba a visitarlos y terminó haciéndose amigo de los trabajadores que estaban haciendo lo que él hizo antes de jubilarse en el pueblo. Mi padre tenía un carácter muy tranquilo. Era bonachón y nunca se enfadaba con nadie. Iba a su aire, despistado, poco amigo de las broncas y muy fácil de tratar. Cuando falleció tenía 75 años, que para el momento era una edad normal para morir.

    Ocurrió una mañana de abril en la que él se levantó como todos los días y tras desayunar se fue a echar la quiniela a una tienda que estaba cerca de Reyes Católicos. Al volver sintió un mareo y se desmayó en la calle. Los vecinos le ayudaron a llegar a casa y yo enseguida llamé a mi marido para que trajera al médico. El doctor dictamino que era una angina de pecho, y que si no le repetía podría sobrevivir, pero si se repetía no se salvaría. Y se repitió en apenas 24 horas y su corazón no pudo soportarlo. Aquello nos hundió a todos en un pozo de tristeza. Acababa de nacer mi tercera hija, Rosa Ana y Paqui tenía alrededor de 10 años. Esa mañana, tras la primera angina de pecho, le dije a Paqui que fuera a ver como había pasado la noche el abuelo y a los pocos minutos regreso llorando y gritando que el abuelo se había muerto. Dejé a Rosa Ana con una vecina y salí corriendo a casa de mis padres.

Cuando llegué, corroboré que había muerto. Enseguida vinieron todos mis hermanos y preparamos la despedida. Tuvimos que retrasar el entierro para que Julín que estaba de viaje pudiera llegar y despedirse también de él. Mi madre compró una lápida en el cementerio de Alcalá y le enterramos allí. 

A partir de la muerte de mi padre, todo cambió. Mi madre inmediatamente se vino a vivir conmigo a casa. La única manera de entretenerla era con Rosa Ana que estaba recién nacida. Aun así, no fue capaz en ningún momento de superar la pena. Las noches las pasaba llorando y apenas descansaba. Decidió dejar de comer y lo único que la entretenía era tener a la niña en brazos. Pasaron unos meses y ella no remontaba. Un día, mi hermana me dijo que la veía muy delgada y triste, le contesté que apenas comía y que ya no sabía qué hacer. así que le ofreció irse con ella, que la casa era más fresca y había más calma, pero creo que Ernesto, le dijo que la habíamos echado y ella no debió sentarle bien.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

El día que nací yo

Nací en Santa Cruz de la Zarza, provincia de Toledo, el 26 de marzo de 1936 en el seno de una familia de clase media. Llegué al mundo al fin...