Mi pueblo era un pueblo con muchas fiestas. Allí se celebraban todos los santos habidos y por haber, desde la virgen del Carmen al sagrado corazón, y todas ellas con sus procesiones y sus romerías. el día de la Virgen de la Paz se hacía una romería a la que iba medio pueblo. Duraba todo el día y allá íbamos a una ermita a las afueras. Era tradición que cuando entraban a la virgen lo celebrábamos con una tarta gigante y el que más pujaba por ella se la llevaba. Lo cierto es que al final nos la comíamos entre todos.
Mis amigas, en aquel entonces, eran las niñas que vivían mas cerca de mi casa. Hasta cumplidos los 17 o 18 años, en esa época, no salía al baile. Te dedicabas a jugar y poco más. Según fuimos creciendo cada una tiró por su lado y yo me eché otras amigas, lo normal. Recuerdo especialmente a una muchacha que se llamaba Eli. Sus padres de habían venido de Madrid al pueblo Serían los años cuarenta, y los tiempos de posguerra seguían siendo duros.
Eli y su familia se instalaron muy cerquita de mi casa. Enseguida que llegó quiso hacerse amigas y fue entonces cuando me conoció a mi y a otra vecina que se llamaba Aurora. Fue Eli, a pesar de venir de fuera, la que me presentó a Aurora y las tres nos hicimos amigas. Aparte de ella, estaba Gloria y Eva y María Paz. Recuerdo en especial a estas, pero en el pueblo tenía muchas amigas.
Aurora era una chica con mucho humor. Vivía cerca de mi, en la calle del cura, justo donde da a la plaza, y muchos domingos antes del baile nos quedábamos en la puerta critican
do a todo el que pasaba.
Solíamos hacer casi siempre en lo mismo. En diario salir de paseo y los domingos al baile. A Eli le gustaba ir a una vaquería a por leche. Estaba casi a tres kilómetros. Por el camino se nos iban juntando los muchachos y muchachas y al final terminábamos en la vaquería un montón de chavalería.
Los domingos quedábamos en misa de doce. No es que fuera obligatorio pero a la misa del domingo iba todo el pueblo. Dependiendo de cual te cayera mas cerca íbamos a San Miguel o a Santiago. A la salida siempre tomábamos el vermú en la plaza y allí me juntaba con mis hermanos, los vecinos y la gente joven del pueblo. La plaza tenía varios bares y siempre se terminaban llenando tras la misa. Al final, aunque hayan pasado muchos años hoy en día se hace mas o menos.
También teníamos costumbre de ir al cine. Íbamos al cine del tío Boni, que nos costaba una peseta entrar, siempre los domingos después del baile que empezaba a las 4 de la tarde. El baile se hacia en fiestas en la plaza, pero el resto del año se hacia en un local enorme de dos plantas. Abajo estaba el bar y arriba la pista. Allí te sentabas con las amigas hasta que algún muchacho te sacaba a bailar. Si te gustaba le decías que si y sino le evitabas. Los bailes siempre eran agarrados, y no era plan de bailar con quien no te gustaba. Solía haber orquesta, y tocaban pasodobles, tangos, vals, boleros, de todo un poco. Allí estábamos tres o cuatro horas, hasta las 7 u 8 de la tarde que íbamos al cine.
Recuerdo un par de muchachos que a pesar de ser del campo, alternaban con nosotros y en vez de irse al baile con los del campo, se venían con nosotras. En el pueblo, las clases sociales estaban muy separadas: en la planta de abajo los de campo y en los de arriba los que no. En general no nos gustaba juntarnos, ni ellos con nosotros ni nosotros con ellos, pero estos dos si se juntaban con nosotras.
A mi no me gustaba ninguno de ello, pero si un tal Amalio, carpintero y que me pretendió. Ese chico era muy guapo, alto moreno y con buen porte. Me gustaba a mi y a todas. Bailaba bien, vestía bien. Le tiró los trastos a Eli, pero esta le rechazó aunque le gustaba por que no se quería ennoviar. Después me pretendió a mi y yo le seguí la corriente. Debe haber por ahí una foto que nos hicieron a traición y que me enfadó bastante porque me tenía cogida de la cintura y yo tenia la mano sobre su hombro. En ese tiempo me sentó mal porque me pareció casi obscena. Yo tendría 18 años y era indecente semejante foto. La verdad es que me gustaba bastante, y estuvimos alternando un tiempo, dos o tres años. Hubiera podido quedarme con él. Muchas veces he pensado como hubiera sido mi vida si le hubiera escogido. Con el tiempo el se casó con otra muchacha y nunca tuvieron hijos.
Con Amalio todo acabó cuando me fui a Valencia una temporada. Fue después de la boda de mi hermano Joaquín, a la que acudieron unos primos de allí. Le pidieron permiso a mis padres para que me fuera con ellos un par de meses y sorprendentemente me dejaron ir.
De Valencia me sorprendió que los jóvenes se divertían de otra manera. Salíamos en bicicleta a los campos de naranjos en flor, y a los bordes de las carreteras repletas de violetas. Nos íbamos a un pueblo muy cerca de Alzira a tomar el vermú, todo en bici; otras veces nos juntábamos a cenar en un patio que tenía mi tía, y cada uno llevaba su cena y se compartía y ya se pasaba la velada desde la media tarde hasta las doce o la una. Mi prima Paz tenía un noviete que se llamaba Santi, pero cuando llegué yo le guste más que mi prima, se fijo en mi y la dejó a ella. Así que mi prima me dejó de hablar durante todo el viaje y Santi empezó a llevarme a mi en la bici en vez de a ella. Mi prima se enceló muchísimo y me perseguía por la calle a ver si me veía con él.Santi, era también un chico muy guapo, tanto que cuando lo conocí Amalio se me olvidó. Recuerdo regresar al pueblo en el tren, llorando porque me lo había dejado allí. Él también se enamoró de mi, tanto que se vino desde Valencia en bicicleta a verme hasta el pueblo. Junto con mi primo se cogieron un tandem y viajaron hasta Santa Cruz. Debió tardar dos o tres días en llegar. Estuvieron unos días allí y después se fue. Me escribió unas cuantas cartas pero no volví a verle mas.
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